Jessica Medina

Caminando por una central calle de Pichilemu, llamada Ángel Gaete, siento un exquisito aroma a café que me distrae de mi recorrido, pero para mi sorpresa al observar el local me encuentro con repisas llenas de libros y un encantador letrero “se reciben, cambian y prestan libros”. Es la primera vez que veo libros en este pueblo, siempre me había preguntado cómo las personas accedían a la lectura o a algún libro o cómo lo hacen los estudiantes con sus lecturas obligatorias.
Al entrar al local, pregunto si puedo ver los libros, mientras una voz amable me responde: – claro, si te gusta alguno lo puedes llevar o te lo puedo regalar -. Después de la cordial bienvenida, me siento intrigada en conocer la historia detrás de este encantador local.

¿Cuál es tu nombre?
Yo me llamo Roberto Traslaviña Valenzuela, soy nacido y criado en Pichilemu, llevo 4 meses acá en este local y estoy feliz desarrollándome.

¿Cómo nace tu negocio?
Antes trabajaba en una cafetería de acá, de Pichilemu, cuando estudiaba en los veranos y después full time. Luego, aspiré a más que solo trabajar para alguien, quería hacer mis propias cosas, siempre fui proactivo y necesita un espacio para desarrollarme.

Bueno, ¿qué encontramos en tu local?
La idea surgió como una chocolatería artesanal, pero luego incluimos más cosas como la pastelería y una cafetería que pueden servirse acá o llevárselos. Además, algunos productos de mis amigos como los espejos y las poleras.

¿Cómo nace el nombre de tu local?
Pichilemu es multicultural, llega gente de muchos lugares, por lo que el nombre en inglés todos lo iban a comprender, además soy amante del rock. Así quedó como “SWEET ROCK”.

¿Cómo nace la idea de incorporar los libros en el local?
Yo soy periodista de la PUCV, Pichilemu es conocido principalmente por el surf, acá siempre hay mucho deporte, pero muy poco de cultura y menos donde conseguir un libro. Cuando yo entré a la Universidad, sentí que estaba dos peldaños más abajo que el resto de mis compañeros, me sentí más atrasado, me costó mucho los primeros años en la Universidad, porque en general Pichilemu va más atrasado.
Por eso quise hacer algo por mi pueblo, para que los niños que se vayan de acá no les pase lo mismo que yo sentí. Así, la idea comenzó por tener libros para los niños, pero por supuesto ahora para los adultos también. Si viene un niño y tiene que leer un libro para el colegio, no tiene que comprarlo, acá puede venir y llevárselo.
Las personas han agradecido los libros.

¿De qué manera las personas han respondido ante la iniciativa?
El Pichilemino ha respondido bien, pero después las personas de afuera también se incorporaron a la idea. La única forma de conocer el mundo es a través de los libros, la comprensión de lectura te hará comprender cualquier contenido.

¿Cómo te gustaría que la comunidad respondiera al uso de los libros?
Mi negocio es una cosa, he tenido días buenos y otros terribles, pero el tema de los libros es aparte. Yo soy feliz cuando alguien viene y se lleva un libro para la casa, me siento pleno.
Por ejemplo, hay un chico que se lleva un libro a la semana, todas las semanas lee un libro nuevo. Personas como él, quizás no podrían comprarse un libro todas las semanas y acá pueden llevarse los que necesiten.
Como acá hay extranjeros, algunos amigos han donado libros en otros idiomas como en inglés o alemán.
No me importa que no compren, pero si se llevan un libro me siento pagado.

Y ahora, ¿cuáles son tus aspiraciones?
Mi sueño como ser humano en este negocio es poder estabilizarme y que funcione tranquilo y más adelante instalar otras sucursales en pueblos, en lugares más apartados donde pueda llevar cultura y también café.

Entrevista realizada por Jessica Medina a Roberto Traslaviña (dueño y creador de Sweet Rock)

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Historia de libros y “SWEET ROCK”, un servicio a la comunidad

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