Mag. Eduardo González P.

La educación presencial vive hoy en Chile grandes problemáticas, principalmente porque los estudiantes ya no son los mismos de décadas atrás, que es cuando y de donde surgen los actuales modelos pedagógicos, que observamos en las salas de clases de escuelas y liceos como también en las universidades. Los estudiantes cambiaron y los profesores, en su gran mayoría, no, pues aplican los mismos modelos que ellos tuvieron y los formaron como docentes.

La tecnología, desde que apareció, siempre ha sido considerada en los procesos pedagógicos en determinados porcentajes, según competencias y de acuerdo a los recursos con los que cuentan los docentes. El rasgo tecnológico, sin duda,  hoy evoluciona exponencialmente en todos los ámbitos.

Las clases frontales, por ejemplo, en las universidades con las cátedras de la sabiduría, no son el mejor modelo que se debe seguir, los estudiantes no calzan con dicha didáctica (menos si están estudiando para ser docentes).  El acceso a la información y el procesamiento intelectual para llegar al conocimiento también fue superado, el docente ya no tiene el poder del contenido ni del libro exclusivo, ni menos del último dato actualizado. Todo ha sido superado. Las tecnologías dotaron a los estudiantes de un universo cognitivo que jamás en la historia tuvo algún ser humano y hoy está a solo un deseo,  a un silencioso  pero significativo clic virtual.

Los docentes deben cambiar, deben enseñar a aprender, a filtrar la desbordante información, a proponer, a motivar el aprendizaje colaborativo; deben enseñar a navegar por la carretera tecnológica y a promover los afectos y las relaciones humanas dentro y fuera del fenómeno pedagógico, a investigar, a crear y ser creativos, a producir, aplicar y transferir conocimiento, a sustentar obra sobre principios éticos, a respetar, a integrar al otro en todas las dimensiones del tiempo y del espacio; en definitiva, a ser competentes y a responder a una sociedad tecnologizada, ya que así lo demanda.

Las estadísticas no mienten, los grandes problemas son las altas tasas de repitencia, de deserción y de titulación tardía.  En Chile, actualmente se titulan en promedio los nuevos profesionales a los  28,8 años de edad, siendo una de las causales más recurrentes la escasa solidez académica de base obtenida en la enseñanza media, lo que repercute en sus rendimientos con repitencias constantes, lo que se suma a la exhibición docente de modelos didácticos anquilosados, que influyen directamente para que los estudiantes retrasen su titulación en tres, cuatro y hasta en cinco años más de lo curricularmente programado. Un ejemplo son las carreras de ingeniería que, en el nivel nacional, son las que más retrasan la titulación de sus  alumnos, como es el caso de Electrónica, que en su malla cuenta con 8,9 semestres y tiene un promedio de titulación de 15,7 semestres. Y el caso de la carrera de Geología con 12 semestres, pero que finalmente quienes se titulan lo hacen en promedio a los 20 semestres, es decir ¡a los 10 años de estudio!

Los alumnos cambiaron, el acceso a la información y al conocimiento ya no es el patrimonio de los docentes ni de una institución territorial. Los recursos tecnológicos están impactando a todas las disciplinas;  los softwares hoy se aplican en innumerables áreas del conocimiento y la internet es el vehículo por excelencia que conecta al mundo en segundos, con un solo clic, sin prejuicios, sin discriminaciones ni limitaciones más que las propias barreras del navegante, que a estas alturas ya casi no existen; no obstante, hoy en Chile, tópicos como la realidad virtual y la realidad aumentada están más cerca del juego que de una sala de clases.

Un cambio didáctico por defecto debiere ser la incorporación de la  tecnología  de manera transversal en todo el sistema de educación nacional, desde el nivel de párvulo hasta las universidades, especialmente quienes se perfeccionan y estudian  carreras técnicas y profesionales, de lo contrario se está enseñando el pasado y quien egresa tiene menos competencias y herramientas para insertarse en una sociedad que demanda exponencialmente mayores competencias tecnológicas; por lo tanto,   quienes tienen aspiraciones de superación y posicionamiento social y económico son los que más sufren cuando se enfrentan con la realidad, pues hay una discrepancia notable entre lo que espera la sociedad y lo que realmente pueden ofrecer los profesionales egresados, producto de la herencia que cargan de sus docentes, de los modelos y mallas descontextualizadas, incluso ni la acreditación de una carrera, a veces,  garantiza un mejor egresado, la paradoja está en marcha.

Mag. Eduardo González  P.

Director de  Educación Virtual, Universidad de Playa Ancha

LA EDUCACIÓN ESTÁ DEMANDADA

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